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Paco Alguersuari

Paco Alguersuari muestra una de sus fotografías más famosas / EFE

Deportes
1919 - 2009

Paco Alguersuari

Fotógrafo

Un maestro de la imagen

Javier de Dalmases, La Vanguardia- 11/10/2009

Seguramente Paco Alguersuari le hizo una foto a san Pedro ayer, justo antes de que le abriera las puertas del cielo y, seguramente también, se la entregó al portero del paraíso antes incluso de que las atravesara. Solía hacerlo así, porque el fotógrafo de los últimos 50 años del deporte español era un profesional único e irrepetible.

Nació hace 90 años en Sabadell. Comenzó a ganarse la vida como lampista, pero pronto la fotografía llamó su atención y en su Vespa 125 cc destartalada y quejumbrosa se fue a la Volta a Catalunya. Allí retrató a todo bicho viviente y comprendió que esto era lo que le gustaba. Había descubierto sus dos mundos: la fotografía y el deporte. Por su forma de ser, campeón del mundo del optimismo, y por lo mucho que se entregaba en su trabajo, Paco Alguersuari puso de manifiesto muy pronto que era un fotógrafo peculiar, capaz de utilizar métodos inéditos y de llegar a donde nadie podía. En los años 50 utilizó incluso palomas para enviar sus carretes a Mundo Deportivo,La Vanguardia y la agencia Efe, sus puestos de trabajo más asiduos. Años después, en la Volta de 1982, en El Pont de Suert, decidió rememorar aquel romántico sistema y ató sendos carretes de negativos a dos palomas a las que dio suelta a la una de la tarde. Una de ellas llegó al palomar de destino, cerca de la plaza Espanya de Barcelona, a las seis de la tarde. La otra, herida en una pata, apareció a las siete de la mañana del día siguiente.

Valiente, intrépido e ingenioso, volvería a derribar muros varias veces más en su larguísimo historial. Acudía a los aeropuertos con sus negativos y convencía al piloto de un vuelo a Barcelona oa un pasajero para que los llevara con él hasta su destino. Otras veces hacía él mismo de mensajero en un helicóptero. No se sabe cómo lo conseguía, pero las fotografías llegaban siempre a tiempo.

En los Juegos de Moscú 1980, compartió el avión con la delegación española. Al pasaje sorprendió lo pesada que era una de sus maletas. En cuanto puso pie en el suelo de Moscú, tras hacer las fotos de la embajada española descendiendo por la escalerilla, abrió la maleta y sacó una vespino desmontada. Así desapareció en un instante y cuando los españoles entraban en el hotel, volvieron a ver al bueno de Paco que acudía a recibirles con las fotos de su llegada a Moscú reveladas.

En seis ocasiones cubrió unos Juegos Olímpicos como fotógrafo, de Roma (allí se ganó el premio World Press Foto) hasta Barcelona. También estuvo en 32 ediciones del Rally de Montecarlo, aunque su deporte favorito era el ciclismo: 44 Voltes a Catalunya, 38 Vueltas, 14 Tours y 14 Giros. En uno de ellos consiguió una de sus fotografías favoritas: la que mostraba a Miguel Poblet, desesperado con una rueda en alto, llamando al vehículo auxiliar para reparar un pinchazo. No sé si disfrutaba más con estas vivencias o contándolas después.

Por encima de todo, fue un hombre feliz. Se emocionaba al hablar de su esposa, Palmira, o de sus hijos, José María, Jaime, Palmira y Nieves. Y lo hacía con mucha frecuencia. Sin embargo, el destino le negó algo que hubiera deseado con toda su alma: poder ver en directo el debut de uno de sus cuatro nietos, Jaime, como piloto de F-1.

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