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Francisco Ayala

Ayala lee su discurso de entrada a la RAE / EFE

Literatura
1906 - 2009

Francisco Ayala

Escritor

El magisterio constante

Adolfo Sotelo Vázquez- 04/11/2009

El lapso de tiempo tan dilatado de la vida de Francisco Ayala (1906- 2009) deja en la historia de las letras españolas contemporáneas –las de invención imaginaria y las de ensayo y crítica– un magisterio constante.
Magisterio en las andanzas vanguardistas de antes de la Guerra Civil; maestría perenne en las narraciones y las novelas americanas del exilio; enseñanzas de su amplísima labor ensayística y periodística, que va desde el ensayo sociopolítico hasta la teoría y la crítica literaria; instrucciones de la razón y de la sentimentalidad en sus apasionantes testimonios autobiográficos de Recuerdos y olvidos (Madrid, 1988).

Magisterio que empieza en 1925 y que se prolonga hasta finales del siglo pasado, hasta anteayer, con una constante que reside en "cultivar las letras compartiendo angustias y esperanzas del mundo en torno suyo", según escribía FA prologando su Narrativa completa cito a Rosa Navarro-al "cazador de imágenes furtivas cuya belleza permanece", al aire de las vanguardias y del cine, de Cazador en el alba (1930). Suma narrativa que contiene algunos de los mejores relatos breves de la literatura española del XX: pongamos que hablo de El hechizado o de El inquisidor (Los usurpadores, 1949). Compendio que agavilla sus dos excelentes novelas: Muerte de perro (1958) y El fondo del vaso (1962), donde la mezcla de hondura psicológica y densidad meditativa consigue sobrepasar lo circunstancial, el realismo cortical, para adentrarse en lo simbólico, en lo moral, en lo permanente humano. Recopilación que incluye el espejo roto y las interrogaciones constantes de El jardín de las delicias (1971), un FA esencial.

Pero Ayala no es sólo un narrador irreemplazable del siglo XX - como lo son (los cito adrede) André Gide, Italo Svevo o su compañero de la Universidad de Chicago, Saúl Bellow-tanto por la necesidad interna de esclarecer sus propias circunstancias, como por buscar en las novedades técnicas, propósitos expresivos, sino que sus trabajos y sus días saben de sus reflexiones acerca del liberalismo y la libertad, en libros fundamentales. Así, prologando, El problema del liberalismo en Nueva York (enero, 1963), escribía que las bases culturales que capacitaban a España para incorporarse al ámbito de la nueva libertad europea "se encuentran en el fondo de nuestra tradición". La tradición liberal española que tiene en FA un bastión seguro.

Ayala teórico y crítico de la literatura nos ofreció su magisterio con pulso sugestivo y rigor ameno. Volúmenes recopilatorios como Las plumas del fénix (1989) o El escritor en su siglo (1990) son tesoros de caras poliédricas, que van desde El Lazarillo o El Quijote a Galdós o Unamuno, desde el lenguaje, la estructura o el oficio de la novela a reflexiones sobre la traducción, el cine y la televisión. En el fondo, su obra toda se corona en Recuerdos y olvidos, confirmación verídica de su reflexión de 1987: "Toda obra literaria es, pues, en alguna medida autobiografía". La de Francisco Ayala es dilatada, rica, densa, vital y ejemplar.

A. Sotelo es decano de la facultad de Filología de la UB

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