El fotógrafo y artista español Chema Alvargonzález falleció en Berlín, la ciudad que le acogió en 1988 y en la que fraguó el grueso de su obra, tras una larga enfermedad. Nacido en Jerez de la Frontera en 1960, Alvargonzález destacó por sus fotografías e instalaciones, pero también como desinteresado promotor de actividades artísticas.
Alvargonzález fue el iniciador del proyecto Glogauair, una residencia berlinesa para artistas, sin ánimo de lucro, que combina vivienda y talleres en el barrio de Kreuzberg. La sede salió a subasta con la condición de que fuera utilizada para alguna actividad social, y Alvargonzález la compró en el 2005. Desde entonces ha sido una institución muy conocida y frecuentada entre los artistas españoles. En 1997 el fotógrafo recibió el premio de Fomento a las Artes de Münster.
El artista había llegado a Berlín en 1988, insatisfecho por sus estudios de Bellas Artes en Barcelona y atraído por el ambiente y los estudios de arte en esta ciudad, que se ha convertido en la capital europea de la fotografía y las artes plásticas contemporáneas.
En Berlín, Alvargonzález exploró una gran cantidad de ámbitos artísticos, vivió las emociones de la caída del muro del otoño de 1989 y se inspiró en la gran reconstrucción de la ciudad que siguió al traslado de la capital desde Bonn, una carrera por intentar tapar y ocupar los agujeros e incongruencias de una ciudad dividida. Alvargonzález fue cronista de esos espacios vacíos e incongruentes de Berlín, así como de las presencias trágicas que la historia de la ciudad concentra, amparado por la accesibilidad que Berlín ha venido ofreciendo a los artistas, en gran parte gracias a los relativamente moderados precios de su mercado inmobiliario.
Las instalaciones de Alvargonzález cubrieron de luces rojas la semiarruinada sede de la embajada de España, un gran edificio levantado cuando Madrid era un aliado del Eje y que antes de la reunificación había sido fantasmagórica sede consular. También iluminó las ruinas de Tacheles, un centro de arte alternativo del sector oriental, y la institución que juzgaba a los tránsfugas frustrados del Este en Potsdam. Sus fotos recrearon imágenes de ciudades fantásticas envueltas en nubes, el azul marino y celeste de Capri, exploraron temáticamente el viaje en maletas celestes y estaciones. En su última época trabajó entre la fotografía y la pintura, con fotos impresas en lienzos.
Residente en Barcelona, donde era tratado de su enfermedad en los últimos años, Alvargonzález regresó en septiembre a la capital alemana para acudir a la gran feria de arte local Artforum. También visitó, hace pocos días, la exposición sobre el Bauhaus que se exhibe en el Martin Gropius Bau, que no quería perderse por nada del mundo, y repartió con optimismo invitaciones a la fiesta de su cincuenta cumpleaños. Deja un buen recuerdo en su entorno profesional y humano. "Era una persona de gran sensibilidad", resumía anoche una de sus amistades.


