Junto a una ermita que da al mar y muy cerca del centro urbano se levanta, blanco y pacífico, el cementerio de Sant Sebastià, uno de los dos camposantos de Sitges que coge su nombre del santo Sebastián, protector de las plagas y las pestes.
Escultura símbolo del triunfo de la vidaRosa Varona
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El pueblo más conocido de la comarca del Garraf guarda en ese recinto mucha de su historia moderna, historia que se cuenta sola a través de los tesoros arquitectónicos y escultóricos que pueblan estos pocos metros cuadrados. Son preciosas obras que se fueron creando a partir de 1814, año en el que se inauguró este cementerio de planta claustral. La mayoría de sus panteones y de sus figuras están relacionadas con la burguesía que ascendió al poder en el Sitges del siglo XIX: los comúnmente llamados "americanos" o "indianos". Los "americanos" fueron las personas que tuvieron éxito y cosecharon gran fortuna atravesando el Atlántico. Se cuentan por miles los jóvenes que marcharon a América a buscar una vida mejor, a entablar relaciones comerciales, pero sólo unos pocos volvieron convertidos en nuevos ricos. Y aquellos que retornaron dejaron su huella realizando preciosos panteones, esculturas que dominaban sus sepulturas y lujosas casas modernistas, dando a Sitges un nuevo aire abierto a un próspero futuro.
Hoy, ese cementerio lleno de historias del pasado continúa usándose, aunque poco, debido a su reducido espacio y a su escasa posibilidad de ampliación horizontal. Por ello, las gentes de la villa de Sitges cuentan con otro cementerio en las afueras de la villa.
Los "americanos" que volvían convertidos en grandes empresarios y comerciantes aplicaban la máxima de la burguesía catalana de la época: "todo buen catalán ha de tener una casa en el Putxet y un gran panteón". La sepultura se la hacían mimando con esmero todo detalle, contratando a los mejores artistas y vigilando su construcción incluso diez o quince años antes de morir. La casa eterna era, para los vecinos del Sitges de finales del siglo XIX y principios del XX, una muestra de su poder en la tierra.
Aunque los panteones son de lo más variados estilos artísticos dependiendo de la personalidad y gustos de su difunto morador, lo cierto es que impera en el de Sant Sebastià la tendencia modernista. Esculturas blancas en las que se refleja el sol del pueblo marinero, líneas curvas y una estudiada vegetación tanto natural como pétrea envuelta por los muros blancos recuerdan al precioso cementerio de Arenys de Mar. Destaca así el panteón de Antoni Robert Camps, con una preciosa escultura de Josep Llimona que muestra a un ángel en forma de mujer desconsolada. Tienen también protagonismo las esculturas clásicas, los símbolos (antorchas, las metáforas de triunfo…), las cruces (incluso hay alguna céltica), los ángeles (no tan dramáticos como en algunos cementerios europeos) y la mezcla de estilos en las creaciones arquitectónicas.
En conclusión, es el de Sitges un cementerio típicamente mediterráneo que tiene un "plus": obras de los mejores artistas e historia, mucha historia, a partir de los panteones que seguidamente destacamos.
Un cementerio digno de visitar
La empresa de servicios culturales Agis Sitges propone dos visitas guiadas al cementerio de Sant Sebastià. La primera se engloba como parte de la Ruta de los Americanos, una visita que recorre los puntos de interés turístico que fueron resultado de la nueva burguesía del pueblo de Sitges que surgió a raíz de "hacer las Américas". La segunda de ellas, la Ruta de las Almas, surgió debido al éxito de la Ruta de los Americanos. Esta visita tiene lugar, exclusivamente, en el recinto mortuorio de Sant Sebastià, que es uno de los dos cementerios de Sitges: el que contiene más historia, más joyas artísticas y más difuntos célebres enterrados.
Esta ruta recorre el Sitges más íntimo. Las expertas guías Rosa y Blanca explican curiosidades y sitúan en la época histórica a los asistentes mientras se recorre a pie un cementerio que contiene obras de escultores y arquitectos de la talla de Josep Llimona, Frederic Marés o Agapit Vallmitjana. Los asistentes, previa reserva, pagan una cantidad simbólica para asistir a esta original actividad de dos horas donde aprenden a conocer el pueblo de Sitges y su historia a partir de la huella que dejaron los que ya no están.
Agis Sitges, la entidad organizadora de estos eventos culturales, es una empresa privada dedicada a enseñar el patrimonio histórico, artístico y cultural de Sitges. Acuden a ella grupos o personas aisladas que vienen de multitud de lugares de Cataluña, España o el extranjero. Son los que buscan visitar "el otro Sitges": lo que no es playa, gastronomía fiesta y vida nocturna. Personas de todas las edades que ansían satisfacer su curiosidad cultural contemplando la otra cara de uno de los pueblos más bonitos de Cataluña que ha enamorado a artistas como Santiago Rusiñol.
Panteones y nichos famosos
Panteón de Antoni Robert Camps: la sepultura de este antiguo comerciante que trabajaba desde Sitges hasta las colonias españolas está dominada por una escultura que se atribuye al gran escultor modernista Josep Llimona. Representa a la típica mujer desconsolada, que no es otra que un ángel que acompaña a las almas. Y es que en el modernismo los ángeles pierden sus alas y recuperan las líneas curvas y onduladas para humanizarse.
Nicho de Manuel Planas: Este exitoso comerciante que hizo fortuna con el ron de Sitges (el ron es un muy famoso producto de este pueblo catalán en el que nacieron grandes conocedores de este licor como Facundo Bacardí o Andrés Brugal), mandó construir una de las casas modernistas más bonitas de Sitges. Inexplicablemente, Manuel Planas no descansa en un gran panteón, sino en un nicho cuya antigüedad destaca entre el resto de sus nichos vecinos.
Panteón de Manuel Ramón Mirament: Construido por Josep Mª Martino, un arquitecto de casas de Sitges, el panteón está dominado por una escultura clásica de Frederic Mariàs que representa un Cristo con una antorcha, símbolo de la luz eterna.
Panteón de Josep Cros i Juliana: Este maestro de obras realizó casas y panteones para muchos burgueses de la época. Su morada final tiene una preciosa escultura que representa una mujer desconsolada y una cruz.
Panteón de la familia Vidal-Quadras: Esta familia fue la que hizo más fortuna de todo Sitges, y su panteón, ideado por Josep Cros, es el fiel reflejo de todo el poder cosechado en vida. El edificio de la familia Vidal-Quadras data de 1856 y es una mezcla de estilos barroco y dórico que expresa poder, seriedad, riqueza y también una fortaleza imbatible que viene dada por el material del que está hecho el panteón, el mármol de Carrara. En aquel tiempo este edificio costó 16.700 pesetas, toda una fortuna para la época.
Panteón de Cayetano Vidal Dimas: Obra del escultor Frederic Marés y del arquitecto Cendoya, este panteón conserva líneas rectas que se rompen con la tétrica pero bella escultura de una mujer que no representa otra cosa que la Muerte.
Panteón de la familia Planas: Destaca de este panteón su bella escultura, realizada por Franci Hermanos, que es una representación típica del ángel guía, un ángel alado que acompaña a un niño, que simboliza el alma.
Panteón de Alexo Vidal i Quadras: Se alza frente al panteón de la familia Vidal-Quadras esta sepultura individual obra del arquitecto Enric Sagnier. Su escultura de Agapit Valmitjana es impactante: representa un ángel del Juicio Final con la corona, símbolo del triunfo, y con las populares "alfa" y "omega", metáfora del final de la vida terrenal y principio de la vida celestial.
Panteón de Francesc Carreras i Robert: Inspirado en el mediévolo, este panteón tiene una obra escultórica de gran valor realizada por Manel Fucsà i Leal. Se trata de un sarcófago con un sudario de piedra, sostenido por dos dragones, símbolo de vigilancia.
Panteón de Antonio Carreras i Robert: Al lado del anterior se levanta el panteón del hermano de Francesc. También con una escultura de M. Fucsà este panteón recibe una influencia más modernista, tanto en sus formas como en su escultura, que representa un ángel del Juicio Final con una trompeta y una cruz que contiene un homenaje a los apóstoles evangélicos.
Panteón de Antoni Serra Ferret: Quizás el de Antoni Serra sea la sepultura más modernista del cementerio de Sitges. La vegetación pétrea y la figura de la mujer (representante de la fe) sentada en una concha son dos de los elementos más típicos del modernismo.
Panteón de la familia Robert: Recuerda su escultura a una muy famosa del cementerio de Montjuïc, pero ésta tiene un punto original que hace pensar al visitante que es un elemento verdadero. La figura que domina es una virgen con una cruz de la redención en alto y una hoja de palma del martirio que es de cobre, pero que parece real por el tono verdoso que ha cogido el material con el paso de los años.
Panteón de Vidal Dimas: He aquí otro de los panteones más sobrecogedores, por el detalle de su escultura: cuatro perros (símbolo de fidelidad) que sostienen un sarcófago con un sudario de piedra y unos murales de hierro forjado. Es el panteón de Vidal Dimas, que llegó a ser el habitante de Sitges más anciano.
Panteón de Daniel Robert: Es el único de estilo celta que domina en este camposanto. Así se desprende de los elementos que lo conforman: una cruz céltica y la figura de un búho, el animal que ve y se guía en la oscuridad.
Nicho de Miguel Utrillo: Este ingeniero fallecido en 1934 ocupa un nicho en el cementerio, pero se trata de un personaje de máxima importancia en la vida e historia cultural del pueblo de Sitges.
Tumba de Ramón Canudas: Ramón Canudas fue un artista que acudió a Sitges enamorado de la vida que desprendía. Grabador de profesión, no tuvo mucha suerte en su trabajo y fue acogido por Santiago Rusiñol, quien se hizo cargo de su sepultura otorgándole todo un tesoro: una cruz del siglo XVIII, pieza única de la colección de hierro forjado del Cau Ferrat.
Tumba de P. Jou: La tumba de este escultor guarda una bonita anécdota. Junto a su tumba se alza una gran roca con su nombre, una piedra que estaba siendo tallada por él cuando murió y que su familia decidió poner ahí, como "su última obra".
